Las recientes declaraciones del gobernador del Banco de Inglaterra subrayan una postura cautelosa en medio de unas condiciones económicas débiles en el Reino Unido y un mercado laboral flojo. Las presiones inflacionistas disminuyen más lentamente de lo anticipado y el traspaso de mayores costes energéticos a los precios al consumidor es limitado. Aunque no hay señales concluyentes de efectos de segunda ronda en la inflación, el riesgo no se descarta, sobre todo si persisten las tensiones geopolíticas. El Banco de Inglaterra señala su disposición a ajustar la política monetaria en caso necesario, pero actualmente no se inclina por subidas de tipos, lo que contrasta con algunas expectativas del mercado.